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Instituto de la Mexicanidad: Una vocación para compartir

Casa Lamm Instituto de la Mexicanidad 2El Semanario
Por: Gastón Melo

Septiembre precipitó la apertura del telón de los tiempos electorales, se muestra ya el sinuoso camino de candidat@s para la Presidencia de la República y se descubre el oscurantista panorama del 2018.

Los intereses se exacerban, las sumas y restas de los partidos políticos se multiplican en ejercicios interminables para estirar los pesos, repartir los intereses y dividir a los militantes.

Se acabó la ideología, Louis Althusser estaría contento porque la consideraba el cemento anquilosante de la sociedad. Complacido porque sin “ideología” es cuando aparecen las ideas de los individuos, de los intereses surgen escenarios prospectivos, y así la historia se mueve.

Es tiempo ahora, de nuevas exposiciones, epistemes (conocimiento) distintas, otras filosofías. A comienzos del siglo XX, el jesuita Teilhard de Chardin revive el término de noósfera para referir ese espacio en que habitan las ideas, el espíritu y que más tarde, el Premio Nobel de Medicina, Jacques Monod, hugonote, recoge bajo la propuesta de una química de las ideas, el señalamiento de una existencia de las enzimas, independiente de quien las produce.

Una química de las ideas sería la responsable de descubrimientos análogos en distintos espacios en el mismo tiempo, es decir, como si se tratara de una evolución del pensamiento mismo, o de una condición distinta del ejercicio humano de pensar. ¿Dónde está hoy, con base en esta provocadora propuesta, el pensamiento político?, las enzimas de la política.

En Francia y EE.UU. los resultados electorales sorprendieron, quizá no nos sorprenda el próximo domingo la reelección de Ángela Merkel en Alemania, pero, ¿nos sorprendería el crecimiento en la opinión pública de María de Jesús Patricio? o ¿de un candidato o candidata improbable?, ¿no está acaso pidiendo a grandes voces, el país, su gente, el pueblo, la ciudadanía, o como se le quiera llamar, una idea nueva de las cosas? “Marichu” parece tener algunas limitaciones de Weltanschauung, en su atención a la complejidad mas no en su fuerza de identidad. Su visión sin duda debe ser considerada por cualquiera formula triunfante.

Yo no creo en Andrés Manuel y no creo en él como persona, me siento molesto por su pensamiento infructuoso y tan alambicado en barricas de rabia morena y divisionista. Tampoco creo en Margarita, amable y leve, menos en Mancera, quien es un poco la Josefina Vázquez Mota del sexenio, no por panista sino por artificial, hecho a una elegancia y una modernidad que no le corresponden: corto de ideas y largo de intereses. Tampoco creo en los candidatos de las alianzas inexplicables de las alianzas explicables y afanosas de poder.

No creo en la posición oportunista de Juan Ramón de la Fuente, que aparece por lo general para su mayor conveniencia, le faltó entrega y quizá proyecto. Tampoco creo en la estridencia desinflable de Anaya, sospecho de sus acuerdos triunfalistas y sus prebendas y acuerdos. Sobra decir que las suelas limpias de los zapatos ingleses de Aurelio Nuño, no pisan firme en terrenos poco sólidos que son la mayoría y que ignora; me desencanta José Narro, por acomodaticio y entregado a veces, aunque universitario sepa vestirse con ideas que no dejan de pertenecer a la retórica. José Antonio Meade, no quiso, no quería, no creía, pero ahora quiere, cree y, sin embargo, adolece de un hándicap significativo, no tiene lenguaje ni escenarios claros. Hace la tarea, pero no sabe para qué le sirve, va tarde. Chong tiene el oficio, pero adolece del beneficio, más negociador que proyectista, menos eficaz que mediático, más de partido que de ideas.

Es de lo que hay, dirán algunos, pero no de lo que puede haber. Allí, la organización social tiene la palabra o la sociedad, más que su organización. El campo social, como diría Kurt Lewin, está cargado eléctricamente, su descarga puede ser peligrosa. Elementos verdes y blancos, en el campo social están atentos a las convulsiones y las energías desbordadas.

‒No, claro que no, los azules no cuentan. Ellos sólo saben contar los cochupos de la economía informal, de la mordida, de la cámara escondida o de la cinta borrada.

‒Sí, los otros por lo menos obedecen y acuerdan con conocimiento del más superior de los mandos. Pueden ser críticos, pero como en la iglesia: el voto de obediencia obliga… mientras haya mando.

El peor de los escenarios es hoy el más factible, el 33, 33, 33, es el de la revuelta segura, del todos contra todos, de la intervención verdiblanca necesaria y quizá, digo quizá, tele comandada desde el norte.

‒No, claro que desde la península coreana no…

Por eso le apostamos a la inteligencia social y al trabajo que la sociedad civil parece estar haciendo con eficiencia y cierta eficacia.

Procedo sea usted indulgente, lector, lectora, a la venta de una idea que promoví en el origen y en la que hemos, un grupo de ingenieros sociales y culturales, estado trabajando en los últimos 8 meses: El Instituto de la Mexicanidad, un dispositivo de reflexión por ahora y una cámara de maduración para la acción más adelante (esperamos).

Solicitamos el auspicio de esa universidad que, calladita, bajita su mano, sin estridencias, con apertura, bien localizada, eficientemente conducida, bien patrocinada y poco a poco autosuficiente, se ha ganado un lugar en el aprecio de los habitantes de la Ciudad de México y en alguna medida del país: La Casa Lamm.

Lo obtuvimos gracias al concurso de su presidente, Alejandro Burillo Azcárraga, que como anunciara hace unas semanas la influyente columna Templo Mayor en el diario Reforma, pone con este Instituto de la Mexicanidad, una huella de inteligencia entre las galerías y restaurantes hípster de la colonia Roma.

Este lunes 18 de septiembre de 2017, hacemos una primera presentación oficial del ejercicio que metaforizamos a través de la noción de moléculas de sentido que habrán de desprenderse del ejercicio de unas Jornadas que tienen el simple y difícil propósito de contribuir a Hacer México.

Estas Jornadas Hacer México, asumen que el país no existe todavía, es decir, que no se mira desde fuera con unidad. Existe el narco-México, el econo-México y turisto-México, el México oligarca y el clepto-México, desde luego.

‒No, El etno-México no existe, las etnias son otras naciones, vayamos a los  acuerdos de Larráinzar, o estudiemos la Constitución del Estado plurinacional de Bolivia. El rarámuri, el cora, el huichol o wicharika, el maya o lacandón, el totonaco o el zapoteca, el tzotzil, ellos existen con una fuerte identidad sí, pero ¿cuántos se reclaman o por  lo menos se reconocen mexicanos? Pocos, muy pocos.

Se necesita ‒para que la nación no reviente entre las manos de los ciudadanos; si se piensa que hay una Idea del Ser mexicano‒, trabajar en la mexicanidad, en la búsqueda y, sobre todo, el encuentro con los denominadores comunes del país.

Se trata de encontrar en diálogo, la identidad, fomentar el respeto, ejercer la curiosidad del otro y por lo otro, reconocer la meritocracia, la movilidad social, el bilingüismo o tri-linguismo cultural en donde la yucataneidad, lo nordestense, la michoacanidad, dialoguen con la globalización y la mexicanidad en actos de razón subsidiaria y metalógica.

Se requiere movilidad social, descentralización administrativa y epistemológica, concursos nacionales. Intercambios, economías colaborativas, en síntesis, un imaginario, un proyecto de nación, un caso México.

Porque, por ahora México, así que podamos decir “país”, no, no hay.

Ya lo comentamos en una nota anterior cuando señalábamos que sólo la mitad de los mexicanos produce el poco más de un trillón de dólares en cuenta americana o billón en la nuestra, como lo comenta José Antonio “el diablo” Fernández, en el homenaje que bien escrito le hace a Don Eugenio Garza Sada en el 44 aniversario de su asesinato.

El mundo reflejado en las inversiones (IED) parece estar contento con este resultado, en buena medida las oligarquías también, porque justifican en esto un crecimiento de la economía, pero se necesita mirar más lejos, observar el potencial de la inclusión, tener por meta un crecimiento exponencial y paralelarlo al desenvolvimiento de la conciencia social, de la unidad nacional, poner piso a la pobreza y techo a la desigualdad.

Si miramos a nuestros vecinos españoles, estamos asistiendo al desmoronamiento de la imagen de país, esto, en favor de otras identidades que no han sabido dialogar con la imagen superior de la hispanidad. Vascos y catalanes están hoy en pie de lucha por el reconocimiento no sólo a sus identidades sino a sus espacios físicos y económicos. ¿Seguirá España los pasos de Yugoslavia, abriendo las puertas a un euro-exit? Y a una ¿micro polaridad tribal en el mundo?

No sé cómo será la tercera guerra mundial, sólo sé que la cuarta será con piedras y lanzas.

            Albert Einstein (multicitado y des-escuchado).

Entre el 10 de octubre y el 16 noviembre, los martes y los jueves, de las 10:00 a.m. a las 5:00 p.m., en Casa Lamm, sede del Instituto de la Mexicanidad (IMex), como en las buenas formas, diez jornadas coordinadas cada una por un especialista conocedor de su materia, deberán pretextar una animada discusión de la que se desprenderá una molécula de sentido para que emprenda su propio viaje viral y social.

Si bien querría ‒hablo a título personal‒ que apareciera un candidato –repito, improbable‒ preferiblemente una mujer, porque me parece que la psicología femenina es lo que México necesita para hacer patria, para amamantar con lo que requerimos y para refrescar en algunos casos y concebir en otros, diálogos necesarios; también entiendo que es tal vez algo tarde para ello, (sorprendamos…) y si así fuera, los resultados analíticos de estas Jornadas deberán ser presentados a los candidatos, a la presidenta electa, al presidente decidido por los mexicanos y antes, ¿por qué no?, a los candidatos en campaña y a otras instancias institucionales del Estado, gobierno, agencias internacionales gremios y sociedad civil.

Durante más de 20 años me he dedicado a formar redes de jóvenes en México e Hispanoamérica, mucho he aprendido en el trayecto, aprendido que con una buena orientación y seguimiento se logran propósitos y cambios importantes. Hoy los egresados de los ejercicios de Espacio, Vanguardia (Mex), Vanguardia Latina (EE.UU.), Vanguardia Iberoamericana (22 países), Colegio de la Globalización, continúan activos, algunos de ellos desde posiciones decisionales. Todos tienen sembrada la inquietud de participar en la construcción del país mejor que han intuido en su propio horizonte, intuición que están dispuestos a seguir y participar desde la lucha cotidiana por alcanzarla.

Cuidado gobierno, cuidado México angular, un tsunami de inteligencia viene desde el horizonte para fertilizar al país, a la región y al planeta con una nueva forma de hacer globalización, de hacer humanidad. Recuérdese desde la historia, por cierto, que México es el primer país de la globalización.