Hora de las cuentas

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El Semanario
Por: Gastón Melo

Ya pasó, con sus convulsiones, movimientos estratégicos, con su metamatemática fina, con su danza de los millones y las componendas de los unos, los otros y los demás. La elección que precede a “la grande” se acabó, para mejor estrategia de los perdedores y con el compromiso mayor de los ganadores.

La elección marca el tiempo en que los contendientes pasan al arrancadero, con el hándicap de cada cual: partidos políticos que se alistan, se alían y se disciplinan, candidatos independientes que hacen sus cuentas para juntar las firmas necesarias y los dineros que no sobran, los intereses de cierta oligarquía que se precisan. Los lenguajes se cuidan, los rivales de ayer son los amigos de mañana.

Las opiniones son casi tantas como las quejas y en el campo social donde coinciden diversas sociedades, las divisiones parecen constituir la única aritmética, como ocurre también en los partidos políticos.  Unos saben que pueden vender caro su amor, su fuerza está en no sacar cabeza visible. El PT se la cobrará a Morena en cualquier escenario y el Verde al PRI como lo ha venido haciendo, PAN y PRD siguen discutiendo su posible alianza para la contienda presidencial, mientras Nueva Alianza anda precisamente en busca de clientes que le permitan ejercerse.

En los independientes, no parece haber aparecido el gallo. Ferriz ni levanta ni levantará cabeza, platiqué mucho con él acerca de su condición de comunicador para convocar a otros independientes y crear una plataforma común, pero le gana el ego, la frustración y le sale colita para pisar. Me buscó al principio de su intención y le acompañé construyendo una estrategia para independientes y haciéndole reflexionar que lo importante es la figura misma del Candidato independiente, El Candidato de México, le dije que era necesario establecer criterios firmes para competir por una sola candidatura independiente, que al convidar a los demás le iría bien, pero terqueó y se quiso ir por la libre regando tepache y allí si ni quien le siga.

Castañeda, cerebral, hizo a tiempo sus cuentas y le apostó al más aguerrido de los lanzados: Ríos Piter, quien tiene el temple, la formación, algunos recursos, la actitud, el antecedente de haber declinado una candidatura para gobernar su estado y haber también gallardamente renunciado a un partido (PRD), que pareció alejarse de todo interés otro que el del poder por el poder. Aunque le falta discurso, porque su actual contenido está demasiado centrado en temas manidos, su semblante es el de un contendiente serio, falta ver su comportamiento estratégico, su disposición de aprendizaje y su capacidad de convocatoria.

El Bronco se quedó enquistado en una figura del folclor popular, su lenguaje no le dio para brincar sus primeros obstáculos y se está quedando sin aliento ante la crítica de sus coterráneos que le observan decepcionados. Emilio Álvarez, tiene estirpe, su clase es aguerrida pero su espíritu habita en el limbo, sus temas son claros, pero no ha podido ampliar su discurso a temas igualmente sustantivos a los que dan origen a su candidatura en la zona de los derechos humanos.

Los demás son fueguitos de pocos días, de aliento corto y desigual inteligencia, cortoplacistas en sus afanes puntuales. Carmen Aristegui tiene puestos sus intereses en el partido de López Obrador y su juego ya no es transparente ni limpio; es doliente y vengativo. Denise Dresser, arma bien sus discursos, pero no tiene la fuerza para tocar los espíritus poco sofisticados que también necesita el voto, ni se mancha ni se moja desde sus aulas bien custodiadas. Ojalá y descubriera la horma de su zapato y pudiera tejer las alianzas que le harían sumar y quizá hasta multiplicar. Don Rafael Loret, es simpático, agresivo, intolerante, falto de disposición para el diálogo, inexistente en los foros que cuentan y añaden valor, de la aritmética sólo conoce la resta, no sabe o no quiere encontrar espacios otros que el de la comodidad de su sala y su ordenador. Fernández Noroña no deja de ser otro aspirante del folclore popular, con seguidores duros, los seguidores de la estridencia y de la rabia versión dos, porque la uno se la llevó ya Andrés Manuel. Juan Ramón de la Fuente se ha convertido en la versión masculina de Denise Dresser, también en el mundo de la exquisitez. Su inteligencia domada en las lides de la UNAM, en la rectoría y en la cátedra, en los institutos científicos y la Secretaría de Salud, le han curtido sin duda. Quiere, pero no lo dice, prefiere ser deseado que expresar sus deseos. Le gusta más que le quieran a querer. Ha dicho tibios ¡no!, dejando siempre una puerta abierta. Compite con Moreno Valle en las preferencias aliancistas entre PAN y PRD y le pasa lo que a Meade, muchos piensan que es el mejor, pero él no quiere creerlo.

En los partidos la cosa está en llamas. Bajo fuego amigo el PAN belígera con una Margarita Zavala, divisionista, terca y sin contenido en su discurso. Anaya, a quien se le quieren encontrar cadáveres en el refri, se defiende bien y colocó ya a sus defensores en posiciones de poder. Su francotiradora perdedora en el Edomex, será su brazo femenino contra la ex primera dama. Rafael Moreno anda por la libre, sabe que en el partido la trae difícil y sus operadores hábiles tejen con destreza el escenario de las alianzas, ‒no debe descartarse su juego‒.

El PRD perdió a sus mejores hombres y mujeres en el camino de sus acuerdos cupulares con el PAN y el PRI.  Encinas, Ríos Piter, desde que el propio Cuauhtémoc abandona la izquierda light, el PRD perdió piso sin duda, pero ganó poder en los cabildos. Muchos de sus próceres pasaron al campo de MORENA y otros a los demás partidos o se mantienen como Alex Encinas y Ríos Piter, independientes.

Morena y el PRI juegan a la disciplina. En el primer frente se percibe, aunque con menos énfasis ahora, una fiebre de intereses. Al ver las estadísticas, muchos corren para pintarse de MORENA. Pero la experiencia de gobierno cuenta y el PRI se defiende correctamente con sus operadores bien formados no sólo en la disciplina sino en la acción política pura. Sus estrategias costosas, cierto pero funcionales, también buscan no dejar el campo libre. Pocas instituciones políticas han gobernado un siglo. El Estado de México epitomiza en el mundo un poder que sabe a poder. Perverso, cierto, pero que ha dado algunos resultados, eso no se puede negar.  En la contienda presidencial, sin embargo, las luchas intestinas en el partido dominante están a galope ya y en sus filas los candidatos visibles pueden llegar desgastados al arrancadero. Aurelio Nuño, Osorio Chong y Videgaray representan la línea dura. Narro, De la Madrid y Calzada la suave y Meade representa la carta de las alianzas aún posibles con el PAN.

En las filas del PRD, Barrales, Ramírez y Mancera ni se quieren ni se querellan. Están a la espera del sacrificio, cualquiera de los tres representa el perdedor anunciado y el ganador de los cabildos de la izquierda acomodaticia.

Ante estos escenarios queda una Sociedad Civil, que no cesa de crecer en conciencia. Queda un amplio México sin partido que representa 50% de los ciudadanos y que no se ha tomado en cuenta.

Queda para todos, la necesidad de un imaginario de país con caso, un escenario que puede ser ganador, es el que representa la posibilidad de un México incluyente que sepa ser para todos. Puede venir aún de los partidos, pero lo más probable, lo más deseable también, es un escenario nuevo. Un escenario en donde más allá del afán de poder, aparezca la voluntad de país necesario, transgresor de los escenarios de la lógica lineal. Un proyecto que sepa jugar en el espacio de la pos verdad simbólica, que sea ejemplo para la región en que abreva la identidad (América Latina). Uno en que la sonrisa que ofreció en el país recientemente Ángela Merkel, permee con menos condescendencia y más voluntad de diálogo, y disposición de escucha. Un tiempo para la macronización de la política mexicana. Macron parece haber arrasado en la elección legislativa de este fin de semana y seguramente dará importantes márgenes para una acción nueva de influencia planetaria.

Aquende el Atlántico, hay espacio para una política que se revele igualmente fresca. Trump, lejos de inhibirlo, es catalizador de ese escenario positivo en que “el otro”, el México que no se ha tomado en cuenta, puede cobrar existencia. Las redes sociales deberán contribuir a su revelación, los jóvenes a su expansión valiente, las etnias a la vigilancia activa, digna y los líderes carismáticos de cada grupo a fomentar el voto. Algunos industriales sensibles e inteligentes de la situación le apuestan a la ampliación de mercados y no al ranchito asegurado ni al duopolio confortable. Una nueva intelligentsia clama por emerger porque sabe fehacientemente que México es posible.