Nessun Dorma (“Que nadie duerma”)

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El Semanario
Por: Gastón Melo

¡Nessun Dorma! El enigma que la altiva y bella princesa Turandot, no pudo resolver, contiene el nombre del príncipe persa que resolvió los tres acertijos: Calaf, orgulloso y seguro de sí mismo, ofrece, sin embargo, a pesar de su triunfo, a la princesa, la posibilidad de liberarse de su compromiso en caso de adivinar su nombre. Turandot, pide a la población de Beijing, no dormir, para que pueda responder a la oferta de su ya exitoso enamorado.

De entre las pocas personas en saber la respuesta se encuentra Liú la esclava de su padre, Timur, depuesto rey de Persia. Ambos por amor a Calaf, prefieren morir antes que revelar el nombre del hijo y del amado.

Estuve este domingo, pensando en México. Lo hice entre parábolas y libretos, ponderando que, tanto el acertijo de Renato Simoni, el libretista de Puccini, como las parábolas de Mateo 13, 24-43, referidas en el evangelio correspondiente, permiten comparar la situación del país, que busca por un lado conocer el nombre de aquél a quien entregará las riendas de su futuro y, por el otro, entender la decisión del sembrador de buenos granos que descubre junto a sus cultivos, la cizaña sembrada por algún enemigo. Las situaciones son similares.

Calaf resolvió los tres acertijos:

  • Todo el mundo lo invoca y todo el mundo lo implora, pero el fantasma desaparece con la aurora para renacer en el corazón. ¡Y cada noche nace y cada día muere!
  • Si te pierdes o te mueres, se enfría, tiene una voz que palpita y el color de la puesta de sol.
  • Es el hielo que te inflama y que tu pasión hiela aún más. Si te deja libre, te hará su esclavo y si te acepta como esclavo te hará rey.

Asociemos a la princesa Turandot con México que, como sabemos, ha sufrido, igual que la hermosa pequinesa y como el buen campesino de la parábola referida por Mateo, efectos de la cizaña, traumas, abusos y decepciones en distintas etapas de su vida, en la conquista, la independencia, la reforma, la revolución, durante los caudillismos, los maximatos, en las dictaduras, los prigobiermos, las transiciones fallidas. Cansado, decepcionado, el país, igual que Turandot, no quiere a nadie, duda de todos y es cruel con quienes pretenden dominarle.

A Turandot se le da, sin embargo, una vez resueltos sus enigmas, la oportunidad de mantenerse libre. Logra saber, susurrada por el propio príncipe Calaf, la respuesta que le puede liberar, pero decide no emplearla para rendirse al fuego de quien muestra seguridad y orgullo, ése a quien ella llama, “Amor”.

Igual que Turandot, el sembrador de Mateo, da una contra respuesta: no quiten la cizaña, déjenla crecer y cuando sea el momento de la cosecha, separaremos, la cizaña al fuego y el trigo al granero.

Así, México vive con sus enemigos en la esperanza de un tiempo mejor para separar la cizaña del buen trigo. Ese tiempo quisiéramos muchos, debe llegar con la elección próxima.

México es, dice el longevo y persistente candidato López, el país de la esperanza, y con ello parece resolver el primer acertijo. El crédito al segundo lo obtiene el pueblo mexicano, que entrega a políticos improvisados, militares asustados y cárteles ensoberbecidos, la sangre de sus ciudadanos. El tercer acertijo, habla del hielo que con la pasión se hiela más. Es Turandot y es el México de los partidos políticos que buscan inflamar al país con artificiales pasiones y que, sin embargo, a través del voto racional demuestra que se hiela más, porque sus habitantes creen cada vez menos en sus discursos.

En esta contienda, quien lograra conocer los tres acertijos, entendería que en el fondo se debe aprender a nombrar a México por su nombre secreto. ¿Quién tiene la voz que le nombra? Nessun Dorma (“Que nadie duerma”) todos a buscar el nombre de quien lo pueda llamar por su sentido más que por su nombre.

Y allí, se lanzan en sus cuentas fantásticas, ilusorias, fútiles, simples y tediosas los hombres del poder, los políticos y los grandes industriales, los unos para elegir, los otros para criticar o pontificar sin mirarse la cola.

Mientras, los menos importantes en la jerarquía, los más numerosos, aguardan el designio de los arcanos lejanos, de los grandes aquelarres intuidos y que tendrán consecuencia sobre sus vidas. Nessun Dorma. Son alrededor de 50 mil los puestos que en cascada se renovarán con la elección de presidente, gobernadores, diputados y senadores, alcaldes y los nombramientos de gabinetes y síndicos.

Las próximas semanas, los próximos meses, el próximo y acortado año que resta antes del día del cuento final, habrá de escurrirse con la rapidez del tiempo que vuela para los hombres y que es nada o muy poco para el espacio que lo contiene: el territorio nacional.

¿Qué ocurrirá? Entre agosto y septiembre se darán en los cabildos y despachos del alto poder económico y político, en partidos políticos y en las instituciones electorales y de justicia, amarres internos. Se llevarán al cabo acuerdos y negociaciones basadas una numeración siempre artificial y siempre jabonosa. Se fincará en unos diálogos siempre reveladores y a menudo falsos e insensibles, la decisión de quiénes jugarán la carrera final.

Establecidas las posiciones de salida, allá por los finales de noviembre los ganadores del concurso de belleza política, se pasearán con garbo, moviendo sus augustas plumas irguiendo sus gráciles cuellos y recitando sus perfumados versos.

Lo harán en los sitios estudiados por sus consejeros, simbólicos los unos, de acarreados los otros, necesarios los más.  El aplausómetro se pondrá en marcha y en el andar de los contendientes, se salpicarán intereses, se molestarán territorialidades, se revelarán actitudes y se lanzarán dagas que harán daño a algunos mientras otros saldrán artificialmente incólumes.

El final del año será un poco distinto, los candidatos estarán expuestos, las luces de la prensa y de lo público les harán brillar, las redes les observarán y algunas bombas pestilentes les serán lanzadas sin duda desde insospechadas trincheras. Pero la fuerza de los partidos, de sus intereses que conjugan otros intereses, la fuerza inflada y maiseada de sus bases institucionales les mantendrá vivos, sin embargo. Los cadáveres del refrigerador habrán salido y sus consecuencias con sapiencia prevista por hábiles consultores de la era Trump, marcronizados algunos, lustrosamente merkelizados otros, habrán previsto reveses y asentarán contragolpes.

En el patio de los independientes, el gallinero cacarea, y anda ágil de un lado a otro, viendo dónde meter el pico. Los actuales pretendientes a esta posición han mostrado sus debilidades numéricas, económicas y conceptuales y lo han hecho con suficiencia para rendir cuenta de un legado de abismos por franquear y muchos han decidido o están por decidir el momento para su retiro.

Pero como en el primer acertijo, la esperanza muere al ocaso y resucita al alba. Esperemos al tiempo del post informe para ver si emerge el gallo. Tal vez uno conocido que venga de un territorio improbable y que sepa articular para México, el nombre que le deberá revelar la ciudadanía que rechaza las viejas fórmulas y que está dispuesta a ceder a quien le llame como Turandot, cediendo a su altivez:  Amor.

Habría que recordar, ¿por qué no?, que el amor es el único acto gratuito. Que amar a México, es, primero, tener una idea de él, después un proyecto, un imaginario, una figura de caso. México, lo hemos dicho, existe sólo para una parte de los mexicanos. El México de quien quiera en buena lid gobernarlo, debe ser pensado completo y para hacerlo debe reflexionarse una ingeniería de la inclusión y la igualdad de posiciones de salida. No, sólo es necesario asumir ese “medio México” que es mercado, sí, en cambio, el “México total” que es cultura, potencial económico, sapiencia, fuerza, e inteligencia. Crédito a lo humano candidatas, candidatos. Por eso, el “México posible y mejor” que se reclama cada vez de modo más claro, deberá conceder sólo a quien le ofrezca, en actos gratuitos, no recompensables más allá de lo honorable, la guía de su porvenir deseadamente luminoso.

Noviembre y diciembre, son los meses que restan para el eventual crecimiento exponencial de ese probable y necesario Candidato o candidata de México, de esa figura que la ciudadanía desea y que estaría gustosa, dispuesta y alerta para reconocer. La persona deberá sorprender, nueva pero no desconocida, su voz debe semejar a la de un Ariel jovial, ágil, optimista y fincado en valores claros.

Hoy, la primera vuelta electoral (que, por cierto, sí existe), se valida en oficinas elegantes, en corporativos de Monterrey, en palacios bunker de Lomas de Chapultepec, en los altos pisos de las torres nuevas en la Ciudad de México, en fincas de Valle de Bravo, o en ranchos del Edomex.

La cuenta de esta primera vuelta, se basa en dos candidatos, uno evidente y en campaña permanente y el otro, extraído de entre el puñado de personajes del poder prianisita, que se nombra ya y que se llama “el menosmalo”. Meade para los unos, Videgaray para los otros, Guajardo para los menos.

Emilio Granboa, como le espetan ahora sus críticos a ese enorme operador político del PRI, que lo mismo cuelga recién su brazo confiado, en su pupilo Ochoa, que se muestra alegre en públicos restaurantes con Chong, es él la mano que mece la cuna de algunos de los aspirantes mientras descansa la Gelida Manina, de Los Pinos.

Las barajas son las mismas, o casi, en todas las mesas de discusión: alguna estadística, un pronóstico, una señal, un chisme, una actitud, un movimiento, una declaración. La inteligencia situacional y rumorológica, igual se da en un café de paso, que en la más encumbrada oficina de Los Pinos.

La flama de una posibilidad distinta a la de, más de lo mismo, no se ha apagado, la mantiene viva el deseo ciudadano y la respalda su compromiso inteligente y solidario. Nessun Dorma (“Que nadie duerma”).