Estado de derecho y democracia

Hacer mexico generico

Dos factores merman la calidad de nuestra democracia: la falta de un Estado de derecho sólido, con normas eficaces y congruentes para sancionar a los malos gobernantes, y una sociedad carente de una cultura de exigencia y legalidad. Sin Estado de derecho tenemos una democracia de votos, pero sin una protección efectiva de los derechos individuales. Sin ciudadanos que cumplan la ley y participen en la vida pública, tenemos una democracia sin demócratas.

Nuestra transición a la democracia se focalizó en el pluralismo, pero se olvidó de la legalidad. La nuestra asemeja una democracia desequilibrada porque carece del principio universal que nos iguala a todos ante la ley y contiene el abuso del poder. Sin legalidad la democracia deviene en complicidad, corrupción, malos gobiernos arriba y malos ciudadanos abajo.

Se ha vuelto un cliché achacar los males de México a los políticos y a los partidos y dividir al país en dos clases: los políticos malos, que engendran corrupción y mal gobierno, y los ciudadanos impolutos, que son víctimas de la maldad e incompetencia de aquéllos. Sin embargo, la clase gobernante surge y es parte de una sociedad con la que comparte valores y vicios, fortalezas y debilidades.

Aunque desde los años noventa se ha acrecentado la demanda de construir un Estado de derecho y fomentar una mayor cultura de la legalidad, lo cierto es que la historia de México —en su conjunto— ha enseñado a sus habitantes que la legalidad no es un valor importante en la práctica, aunque lo sea en los discursos políticos. Por eso no sorprende que, según la Encuesta Nacional de Valores: Lo que une y divide a los mexicanos (Envud, 2011) de Banamex, lo más importante para éstos era “mantener el orden de la Nación”, por encima de principios democráticos, como el de la legalidad. También el empleo era más relevante que valores como la libertad o el Estado de derecho.

A partir de los años ochenta del siglo XX, se han reformado la Constitución y muchas leyes para mejorar el funcionamiento de la democracia, de la procuración de justicia y de la seguridad pública. Se han elevado las penas para los violadores y los secuestradores, para los evasores de impuestos, para quienes comercian con piratería y drogas; también para los partidos que obtienen fondos ilegales para sus campañas. Pero lograr la eficacia de esas normas y construir un Estado de derecho requiere cambiar la actitud de los mexicanos frente a la legalidad. No sólo se trata de aprobar buenas leyes, sino de que se acaten de manera voluntaria, lo cual requiere una cultura de la legalidad que en México es muy endeble.

Preguntas:
¿Puede haber democracia sin Estado de derecho?
¿Puede haber gobierno con ciudadanos corruptos?
¿Puede haber malos gobiernos con buenos ciudadanos?
¿Es la corrupción parte de nuestra cultura?
¿Por qué los mexicanos no respetamos la ley?
¿Por qué reformamos la Constitución, pero no nuestro comportamiento?
¿Cómo podemos mejorar nuestro sistema de impartición de justicia?
¿Cómo reincorporar ex convictos a nuestra sociedad?
Ante la impunidad, ¿cómo evitar la justicia por propia mano?